viernes, 4 de noviembre de 2016

Dos mujeres cubiertas de piel de guanaco miran el mar

Tengo algunas fotos de ellos en muro de la oficina en donde trabajo.
(una vez un jefe me preguntó burlonamente si eran mis antepasados. Aún escuchó su risa que no esperaba respuesta)
Siento la distancia,
la pena,
el silencio de los árboles que guardaron sus cicatrices
los cadáveres maquillados que hoy
quedan al descubierto
huesos, viento
algo resuena, algo se ha perdido

Recurrentemente los imagino
evito endiosarlos,
no sé si debamos volver a lo primigenio
pero hemos olvidado lo primordial
veo un arco sin flechas,
piel de guanaco en el suelo,
fuego, un roble blanco,
una gran choza deshabitada.
Afuera se extiende la patagonia. También puedo ver el mar. Ya no hay ballenas.

Estoy solo:
nos hemos dejado solos.

Me penetra la mirada de sus mujeres a través de nuestras mujeres,
en silencio me maldicen
hablan de la luna roja que nos devorará a todos.

Sentir pena no es suficiente.